El trasmocho y el fresno

La importancia del fresno

El fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia) es una especie emblemática que aparece habitualmente en las zonas de influencia de los cursos fluviales de toda la cuenca mediterránea.


A parte de sus indudables cualidades ecológicas como dinamizador de ecosistemas (gran porte potencial, rusticidad, longevidad, fijación de suelos, colonización) cumple, y a ha venido cumpliendo tradicionalmente, una serie de funciones significativas en los planos social y económico.


Desde un punto de vista económico el fresno ha sido y sigue siendo un referente en cuanto a madera de calidad. Se trata de una madera semidura con muy buenas propiedades mecánicas y de gran belleza, por lo que es ampliamente utilizada en carpintería e industrias del mueble. En sus conformaciones adehesadas, supone un excelente abrigo y matriz para la ganadería extensiva.

Desde un punto de vista social tiene un indudable valor, por su singular belleza y por su simbolismo. Es un árbol ampliamente conocido por la sociedad y con fuerte capacidad de evocación. Su uso como arbolado ornamental en jardinería y como árbol de alineación en ciudades está muy extendido.


Con todo lo antes descrito ya sería suficiente para esbozar el valor el fresno en la medida que merece, pero el objeto de esta entrada es, además de alabar y dar unas pinceladas sobre este árbol, poner en conocimiento un tratamiento selvícola tradicional que se ha venido haciendo sobre las masas adehesadas de fresno desde antiguo y que supone un optimista ejemplo de gestión forestal sostenible.

Trasmocho

Este tratamiento no es otro que el trasmocho, una práctica que refleja la capacidad humana de establecer relaciones simbiontes con el medio forestal, con un pragmatismo, un conocimiento de la fisiología de la especien y un deseo de prevalencia en el tiempo del árbol que casan a la perfección con los conceptos actuales de sostenibilidad, formulados mucho después de que se practicase el trasmocho en las dehesas de fresnos peninsulares.


El trasmocho consiste, en cortar el pie original, en este caso el fresno situado en una dehesa, a una altura variable sobre el suelo de entre 1,5 y 3 m. Esto hace que, por las características del fresno como buen rebrotador, en el siguiente periodo vegetativo broten varias ramificaciones del corte previo. Con turnos de 10-12 años se limpian todos los brotes de nuevo, lo que hace que, a medida que se suceden los turnos, en la parte alta del fuste se forme una estructura de cicatrizaciones callosas conocida popularmente como “cabeza de gato”.


Las razones por las que tradicionalmente se ha empleado esta técnica es para compatibilizar el pastoreo y la entrada de ganado a las dehesas con el aprovechamiento leñero tradicional propio del monte bajo de quercineas (encina, rebollo).

Funciones y beneficios

Ecológica: Función protectora. Al realizarse el corte a más de 1,5 metros el ganado no llega a comer los nuevos rebrotes, por lo que se asegura la persistencia del árbol y su rebrote periódico. Esta técnica también permite asegurar el rebrote bajo condiciones de encharcamiento del suelo o heladas tardías. Refugio de fauna. Las estructuras vegetales que forman los fresnos trasmochados en sus copas y cabezas de gato son un buen refugio para la fauna.


Económica: El follaje apeado es utilizado como alimento y cama para el ganado. La leña obtenida, aunque con mayor relevancia en el pasado, es también una fuente de ingresos adicional para el propietario de la dehesa.

Social: Es un tratamiento que ha cincelado el paisaje de algunas zonas donde son habituales las dehesas trasmochadas. El porte característico del fresno trasmochado tienen gran simbolismo en zonas donde esta técnica se ha practicado desde antiguo, como por ejemplo el Parque Nacional de Guadarrama, el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares y su área de influencia.

De tal modo, gracias a esta técnica en apariencia rudimentaria, se ha logrado desde antiguo y se sigue logrando, obtener bienes y servicios (tanto tangibles como intangibles) del medio forestal a través de su conservación. Una testificación viviente de que una relación sensata y bidireccional con el medio natural es posible. Por no hablar de la singular belleza del resultado.

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