El Pago por Servicios Ambientales, una herramienta de conservación diferente y necesaria

MARCOS LÓPEZ ERCILLA

Consultor Ambiental en la aplicación de sistemas de Pago por Servicios Ambientales. Colaborador de GA MedioAmbiental.

Los que vivimos en sociedades altamente urbanizadas no percibimos el enorme valor de los servicios intangibles que la naturaleza nos ofrece. Tradicionalmente ha sido reducida a una mera fuente de recursos tales como la madera, el agua, las setas, la caza, los combustibles fósiles u otros productos tangibles y fácilmente incorporables a los mercados. Sin embargo, desconocemos aún casi todo sobre los servicios de los ecosistemas, que son vitales y gratuitos y por tanto menos evidentes. Nos referimos a procesos tan esenciales como la regulación hidrológica y climática, el control de la erosión o las inundaciones, el paisaje y la biodiversidad, la descomposición de materia prima que provee a nuestros suelos de fertilidad, o los insectos que polinizan nuestros cultivos y evitan plagas.

La población crece a ritmos exponenciales, así como nuestros hábitos de consumo, por lo que la demanda de estos servicios gratuitos se dispara. Lamentablemente, nuestro planeta cuenta cada vez con menos capacidad para satisfacer esta demanda: casi dos terceras partes (el 60%) de los 24 principales servicios ambientales del mundo están disminuyendo («Millenium Ecosystem Assessment», 2005) y, a este paso, en 2030 necesitaríamos dos planetas Tierra para sostener nuestra demanda.


Los expertos en medioambiente y sostenibilidad llevan años investigando fórmulas para interiorizar el valor de estos servicios, buscando que los mercados asuman el coste ambiental de sus procesos de producción y mercantilización. Entre estas fórmulas encontramos la compensación o pago por servicios ambientales (PSA).

Se trata de que los beneficiarios de un servicio ambiental concreto compensen a los proveedores de dicho servicio por su mantenimiento en el tiempo. Por ejemplo, los regantes de una zona de ribera pueden compensar a las poblaciones del tramo alto del río a cambio de que no talen la cuenca, permitiendo así que el agua llegue de forma cualitativa y cuantitativa. Del mismo modo, una empresa que produce altas cantidades de CO2 puede compensar a una población que decide reforestar y, por tanto, capturar dichas emisiones.


Numerosos proyectos alrededor del mundo –no todavía en España– han demostrado como la aplicación de un modelo de PSA ha fomentado la conservación y uso de los ecosistemas haciendo corresponsable al sector privado, creando un flujo de fondos desde las zonas ricas (ribera, costa, ciudades) a las zonas marginales, generando además nuevas oportunidades de desarrollo rural, así como el aumento de valores de conservación.


En esencia, el PSA supera al tradicional y pasivo “quien contamina paga” por “quien lo hace bien, cobra”.

Ejemplos de Pagos por Servicios Ambientales a nivel internacional

Los esquemas de PSA se encuentran bien extendidos en países de América Latina. Costa Rica es el país pionero por excelencia en esta práctica, habiéndose convertido en un referente a nivel mundial.

En la década de los 90 Costa Rica decidió apostar por la sostenibilidad y el medio ambiente para garantizar la perdurabilidad de sus recursos naturales, así como su disfrute para generaciones futuras. Mediante la aprobación de diversas leyes forestales y de desarrollo sostenible, se creo el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal, o FONAFIFO.

Actualmente, esta entidad se ha convertido en un Organismo Regulador de primer orden (equiparable a nuestro Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico) que se encarga de temas relacionados con el medioambiente y la sostenibilidad, incluyendo la regulación de los diversos esquemas de PSA que hay en el país. Por desgracia, son muy pocos los países que cuentan con Organismos Reguladores encargados de gestionar los PSA, por lo que la mayoría de los casos de compensación se producen de forma voluntaria. Tanto en la ciudad de Nueva York, como en los Alpes franceses (mediante la embotelladora Vittel), como en muchos otros casos alrededor del mundo, la compensación voluntaria por servicios ambientales ha traído beneficios para todas las partes implicadas.

Ejemplos de PSA en España

En España, más allá de las aún frágiles custodias del territorio, no existen casos reales de PSA. Una vez más, la falta de leyes concretas y Organismos Reguladores dificulta la implantación de estos esquemas. Sin embargo, el amparo parcial de las leyes y las creciente presiones y necesidades por parte de la sociedad están abriendo un margen de oportunidad para la consecución de casos piloto que puedan servir para abonar el terreno para futuros casos.

Dentro de estos proyectos incipientes, cabe destacar la iniciativa (aún en desarrollo) que se está llevando a cabo desde la Mancomunidad de Ansó-Fago, en el pirineo Oscense. Las localidades de Ansó y Fago cuentan con abundantes hectáreas de bosque y pasto bien conservados, pero se enfrentan a la despoblación rural y a la baja rentabilidad de sus recursos naturales debido a la competencia de los productos forestales de Landas o de Finlandia.

Así, este remoto valle de montaña decidió valorar sus servicios ambientales para darle un valor añadido a sus bosques, y así poder volver a encontrar la competitividad en el mercado. Mediante la captación de fondos a través de sus servicios ambientales, se crearía un flujo económico que permitiría reabrir su planta de biomasa. Al reabrirse esta planta, se conseguiría dar trabajo a varias familias de la zona a la vez que se potenciaría la gestión forestal sostenible, reduciendo tanto el desempleo y la despoblación como el riesgo de incendios.

Son proyectos como este –adaptados, multidisciplinares y de aplicación directa– los que deben ser apoyados desde las Administraciones Públicas y el sector privado para conseguir que esta nueva herramienta de conservación llegue para quedarse.

Conformar un caso piloto, demostrable y escalable puede permitir que otras localidades se sumen a un esfuerzo colectivo que hoy en día necesitamos más que nunca para salvaguardar nuestros ecosistemas, y garantizar así una vida digna para las generaciones futuras.

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